El origen de las habilidades psicosociales

El origen de las habilidades psicosociales

Este artículo aborda el origen de las habilidades psicosociales según la teoría de Erik Erikson sobre el desarrollo del ego1. Este enfoque ofrece un valioso punto de vista sobre la adquisición de cualidades sociales y cómo éstas influyen en el comportamiento a lo largo de la vida. La Organización Mundial de la Salud definió diez habilidades vitales esenciales para llevar una vida sana en sociedad, que se analizan en la segunda parte del artículo. El objetivo de esta investigación es comprender mejor nuestra capacidad social y ofrecer una oportunidad de aprendizaje a las personas deseosas de adquirir nuevas destrezas o reforzar las existentes.

Las aptitudes de la Organización Mundial de la Salud están reconocidas desde hace años, aunque apenas se mencionan en los programas de formación técnica. De hecho, estas destrezas se dan por sentadas en los sistemas educativos más avanzados porque se espera que una persona llegue al trabajo con habilidades sociales indescriptibles para afrontar cualquier situación laboral. Esta capacidad permite un bienestar mental estable gracias a la adaptación a diversos entornos culturales y laborales. La OMS habla de ‘cualidades de vida’ que promueven la salud en su sentido más amplio, en términos de bienestar físico, mental y social.

Introducción

Las habilidades psicosociales se aprenden a lo largo de los años, comenzando al nacer en el entorno familiar y evolucionando a lo largo de la vida. Las destrezas se definen como “atributos personales que permiten a alguien interactuar de forma eficaz y armoniosa con las demás personas”. En otras palabras, son competencias que facilitan las interacciones positivas con las personas y complementan las técnicas adquiridas mediante formaciones.

Las competencias psicosociales comienzan su desarrollo al nacer. El desarrollo básico se inicia en el hogar y el entorno escolar amplía los conocimientos de vida en sociedad con sus normas sociales 2. La experiencia adquirida en los primeros años de vida es esencial, aunque pocos entienden el beneficio de analizarla adecuadamente. Una forma de entender su importancia y evitar resultados no deseados es analizar por qué “capacidades sociales deficientes provocan la vulnerabilidad de algunas personas que no saben lidiar con problemas psicosociales” 3.

Según Chris Segrin, “las personas con escasas aptitudes sociales tienden a experimentar más estrés y soledad, dos factores que pueden repercutir negativamente en la salud”. Los riesgos se convierten en problemas que afectan a la salud física, emocional, mental y espiritual de una persona. Estos factores pasan generalmente desapercibidos en las evaluaciones actuales.

2 De Freitas S. & Ly L. 2016. Documentary: La force de la parole. Mars Films, France.
3 Segrin C., Flora J.. 10 January 2006. Poor social skills are a vulnerability factor in the development of psychosocial problems.

En mi libro Diario de una auditora social, presento una encuesta realizada por la Universidad de Harvard, el Centro de Investigación de Stanford y la Fundación Carnegie, en la que se evalúa el éxito laboral durante el proceso de entrevistas de contratación:

El 85% del éxito de un candidato está relacionado con sus aptitudes sociales, mientras que solo el 15% proviene de las cualidades mas concretas, como las técnicas y los conocimientos. Más recientemente, en un artículo publicado en el ‘Harvard Gazette’, Alvin Powell afirma que “las habilidades sociales [son] cada vez más valiosas para los empleadores”4.

La publicación de estas dos fuentes tiene casi 100 años de distancia y ambas revelan la preponderancia actual de la experiencia psicosocial en las interacciones humanas.

4 Powell, Alvin. The Harvard Gazette, Oct. 23, 2017.

A. Evolución de las cualidades psicosociales

Las habilidades psicosociales comienzan a desarrollarse al nacer y su evolución continúa a lo largo de la vida. Erik Erikson definió ocho etapas de desarrollo psicosocial, desde el nacimiento hasta la edad adulta; cada etapa de desarrollo marca un paso importante en la capacidad de llevar una vida equilibrada. Erikson describe las ventajas resultantes de la educación y del entorno familiar estable, tanto como los inconvenientes causados por un desarrollo vital inestable. Cada paso conduce inevitablemente a una crisis temporal de naturaleza psicosocial, que afecta las necesidades psicológicas del individuo y su adaptación a un entorno en constante movimiento. La falta de apoyo durante las distintas fases de desarrollo puede impedir que la persona evolucione en un ámbito equilibrado personalmente y socialmente, dejando lugar a la inestabilidad.

Esta sección presenta las ocho etapas con sus hitos, tal y como lo vive un niño, adolescente y adulto normal: las experiencias afectan al ritmo de aprendizaje de forma diferente para cada uno de nosotros y esta teoría es sólo una perspectiva en el vasto campo de la psicología del desarrollo y de las habilidades psicosociales.

Uso la teoría del psicólogo germano-estadounidense Erik Erikson, que se formó con Anna Freud en Viena antes de emigrar a Estados Unidos en 1933. La larga carrera de Erikson en varias instituciones académicas norteamericanas dio lugar a una amplia investigación y a la publicación de varios libros. Es el primero autor en mencionar la influencia del entorno en el desarrollo del niño.

1. La confianza frente a la desconfianza

La primera etapa de esta teoría muestra la importancia de los primeros dieciocho meses en la evolución futura de un niño. El bebé desarrolla un sentimiento de confianza cuando las interacciones le ofrecen la atención y el afecto de un cuidador estable. El sentido de esperanza se desarrolla en esta etapa cuando los bebés confían en que siempre habrá alguien disponible en caso de crisis. La esperanza sólo aparece cuando hay apego a una persona fiable; esta virtud es una parte céntrica del desarrollo emocional.

Por lo contrario, la ausencia de un cuidador duradero conduce a la sensación de desconfianza, sospecha y ansiedad, que pueden resultar en una falta de confianza en sí mismo: la impotencia conduce al miedo y la incertidumbre.

2. La autonomía frente a la vergüenza

La independencia que una niña experimenta entre dieciocho meses y los tres años permite que la confianza crezca progresivamente. La pequeña busca la autonomía y se distancia de la cuidadora para aventurarse en el mundo que le rodea. El descubrimiento del talento refuerza la virtud de la voluntad.

Cuando una niña pequeña se siente incompetente en su intento de completar una tarea o lograr un reto, la vergüenza se apodera de ella y ensombrece el desarrollo, que a esta edad, generalmente se limita a la célula familiar.

3. La iniciativa frente a la culpa

De los tres a los cinco años, el niño se aventura en el mundo con éxitos y fracasos, forjando un sentido de propósito que surge y sigue creciendo hasta la adolescencia. Las preguntas son frecuentes en la búsqueda de respuestas y explicaciones: el vasto mundo provoca muchas incertidumbres en el niño y la creatividad emana en el juego tomando cualquier forma posible.

Si las preguntas quedan sin respuesta, el niño tiene siente culpabilidad, lo que inhibe su creatividad y reduce su capacidad de ejercer un autocontrol. Aparecen las rabietas; la falta de atención y afecto se convierte en un profundo sentimiento de fracaso.

4. La industria frente a la inferioridad

Durante los años de primaria entre los cinco y los doce años, la niña desarrolla un sentimiento de orgullo que resulta del adecuado crecimiento de su confianza y su autoestima. El sentimiento de orgullo se convierte en una virtud cuando la niña aprende a utilizar sus habilidades para su beneficio y sin discriminar a los demás. Chicos y chicas aprenden a combinar la vida en el hogar y las interacciones sociales en la escuela, que es el terreno de aprendizaje de la vida en grupo: el desarrollo en el ámbito educativo prepara a la vida en sociedad.

Entre los cinco y los doce años, los alumnos desarrollan un sentimiento de orgullo con el uso de cualidades que les permiten integrarse a distintos contextos sociales. A esta edad una niña se vuelve más independiente al experimentar la vida fuera de casa.

La aptitud de intercambio con los demás conlleva éxitos y fracasos, y estos últimos deben aceptarse con serenidad como un paso inevitable de crecimiento y de madurez.

Cuando una niña no se siente acompañada durante estos años de primaria, se siente inadecuada con un creciente sentimiento de inferioridad que afecta a su posterior desarrollo emocional.

5. La identidad frente a la confusión de roles

Los años de la adolescencia comienzan alrededor de los 12 años y duran hasta los 18. El sentido del ‘yo’ emerge a través de las identidades sexuales y ocupacionales que se desarrollan con importantes cambios físicos y psicológicos. Surge una nueva persona con una identidad que se estabilizará progresivamente hasta convertirse en su ‘ser’ definitivo.  Esta etapa configura la virtud de la fidelidad a través de la auto aceptación con el nuevo ‘yo’.

La falta de identidad propia en la sociedad conduce a una sensación de fracaso que puede convertirse en una crisis de identidad. La confusión de roles significa que el adolescente es incapaz de formar su nueva personalidad más allá de los años de transición porque siente que no se le da la oportunidad de explorar con diferentes estilos de vida, incluso en el trabajo, en la educación, en los descubrimientos sexuales tanto como las actividades sociales. La incapacidad de encontrar una identidad propia da lugar a la confusión de roles y a la infelicidad.

6. La intimidad frente al aislamiento

En la sexta etapa, la adolescente se lanza en su vida adulta. Esta fase abarca de los 18 a los 40 años. Las virtudes adquiridas después de los 18 años derivan de las adquisiciones desde la infancia y se amplían poco a poco virtudes como la del amor, la pertenencia, la esperanza, la voluntad y el propósito. La combinación de estos valores permite a la joven adulta construir su intimidad propia, con un sentido de seguridad enfrentando los nuevos empeños de la vida. Este esfuerzo continúa mientras los mundos sociales y profesionales evolucionan fuera del ámbito familiar, aportando cualidades como el sentido de utilidad y de realización personal.

Una persona que no ha logrado encontrar una estabilidad personal cuando concluye la adolescencia, o en los primeros años de la vida adulta, puede sufrir una sensación de aislamiento. Esto sucede al evitar las experiencias íntimas o riesgos de exponer carencias personales. El aislamiento puede conducir a la soledad y a la depresión.

7. La generatividad frente al estancamiento

Durante la vida adulta de los 40 a los 65 años, el hombre y la mujer encuentran su huella en la sociedad y se retribuyen criando a sus hijos y siendo buenos ciudadanos. El sentido de utilidad y de logro llega a través de las actividades que van más allá de la célula familiar. El éxito conduce a las virtudes del cuidado.

No desarrollar una marca estable en la sociedad durante esta etapa puede llevar a un sentimiento de improductividad hacia uno mismo y hacia la sociedad. Cuando los individuos están desconectados en su comunidad, resulta en una sensación de estancamiento y una implicación superficial hacia los demás.

8. La integridad del ego frente a la desesperación

La última etapa abarca el fin de vida. Cada persona vive esta etapa como una continuidad de las etapas anteriores. Puede aportar sabiduría a quienes miran hacia atrás con aceptación y plenitud, lo que conduce a una conclusión positiva. Los individuos sabios oscilan entre la integridad y la inevitable desesperación que aparece cuando la vida llega a su fin: la clave es mantener un equilibrio entre los dos extremos y alcanzar un nivel de integridad del ego.

Los que no han alcanzado la etapa de bienestar esperada a través de sus experiencias vividas pueden mirar hacia atrás con una sensación de fracaso que lleva a la amargura y la desesperación. Esta última etapa puede terminar con depresión y soledad cuando los logros de la vida no son los esperados.

B. Diez habilidades de vida según la Organización Mundial de la Salud

No hay límite de edad para adquirir y dominar las cualidades psicosociales, sabiendo que mejoran las relaciones entre las personas. Las diez aptitudes vitales de la Organización Mundial de la Salud son:

  • La conciencia de sí mismo y la empatía por los demás;
  • El pensamiento creativo y el pensamiento crítico;
  • La resolución de problemas y la toma de decisiones;
  • Las habilidades interpersonales y la comunicación eficaz;
  • La gestión del estrés y los mecanismos de adaptación.

1. La conciencia de sí mismo (o autoconciencia)

La autoconciencia es la capacidad de entenderse y reconocerse a sí mismo, incluso el conocimiento de los propios puntos fuertes y débiles, deseos y aversiones, temperamento y carácter. Las situaciones de estrés exacerban la presión y una persona consciente de sí misma es capaz de domar y controlar las variaciones de temperamento debidas a situaciones inesperadas. Las relaciones interpersonales y el desarrollo de la empatía requieren la conciencia de uno mismo.

La autoconciencia se adquiere a una edad temprana, cuando el niño aprende a respetar las normas sociales como miembro de un mundo más allá de la célula familiar. Las personas que carecen de autoconciencia pueden lograr modificar la consciencia de sus pensamientos y acciones mediante técnicas de modificación de la conducta.

2. La empatía por los demás

Las interacciones con los demás son indispensables en nuestra vida diaria y requieren altruismo y comprensión de los sentimientos ajenos, los deseos o las necesidades de otras personas. La empatía es la capacidad de imaginar cómo puede ser la vida de otra persona. La falta de capacidad de comunicación se basa a menudo en la falta de empatía porque el flujo tiende a ir en una sola dirección. La tolerancia se ve exacerbada por la empatía, mientras que la agresión es su peor enemigo.

Las personas que eligen la agresión como medio de comunicación exacerban el distanciamiento y el miedo. Por lo tanto, la persona que es incapaz de comprender los estados emocionales de los demás tiene un distanciamiento emocional que no deja espacio para la empatía.

3. El pensamiento creativo

“El pensamiento creativo es la capacidad de considerar algo de una manera nueva” porque la mente no se fija en un único enfoque y más bien analiza una situación desde diferentes perspectivas. Uno de los enfoques consiste en equilibrar las necesidades y las opciones a través de los cinco ángulos siguientes: la visión analítica, la mente abierta, la resolución de problemas, la organización y la comunicación.

La falta de pensamiento creativo puede deberse a la timidez, a la falta de confianza personal o a la incapacidad de pensar fuera de la norma. Existen herramientas para potenciar el pensamiento creativo y disminuir la sensación de miedo o fracaso que nos impide avanzar.

4. El pensamiento crítico

El pensamiento crítico es la “capacidad de analizar objetivamente la información y sacar una conclusión racional”. Aunque es una disciplina intelectual, contribuye en gran medida a la salud, al ayudar a la persona a reconocer y evaluar los factores que influyen en su comportamiento y sus actitudes hacia los demás: estos factores incluyen la presión de los compañeros y los medios de comunicación. En su forma de dominio, el pensamiento crítico proporciona cualidades como la claridad, la exactitud, la precisión, la relevancia, la coherencia, la evidencia y la equidad. El desarrollo de las habilidades de pensamiento crítico es un esfuerzo que dura toda la vida.

Considerado como una habilidad social, el pensamiento crítico puede verse como la capacidad de un empleado recién contratado a encontrar soluciones de forma independiente, teniendo éxito en su nuevo entorno con poca o ninguna orientación. Aunque la teoría en torno al pensamiento crítico puede enseñarse en la escuela o la universidad, es difícil comprender su significado hasta que uno se enfrenta a situaciones que requieren esta herramienta.

5. La resolución de problemas

Los problemas están en el centro de cualquier negocio y la gente pasa gran parte de su tiempo tratando de resolverlos. Las técnicas de resolución de problemas ayudan a entender el reto desde diferentes ángulos, para llegar a una conclusión de forma constructiva y con un mínimo de estrés. La problemática se puede dividir en secciones para ir progresivamente abordándolas una a una. La claridad de mente lleva mas rápido a una solución.

La incapacidad de resolver problemas provoca una angustia mental que se puede transformar en tensión física.

6. La toma de decisiones

La toma de decisiones es un conjunto de técnicas que permiten a una persona afrontar de forma constructiva los acontecimientos diarios, esperados o inesperados. La buena toma de decisión resulta del análisis de las opciones disponibles, con sus posibles consecuencias. Las técnicas de toma de decisiones bien gestionadas son un activo inestimable para avanzar con éxito en la vida.

Por lo contrario, las decisiones mal gestionadas pueden tener consecuencias sobre la salud y el equilibrio personal.

7. Las habilidades interpersonales

Las habilidades interpersonales ayudan a los individuos a relacionarse con los demás de forma positiva y constructiva: esta habilidad aparece en las primeras etapas de la vida, cuando los bebés atraen la atención de los demás para que se les preste atención. El comportamiento hacia los demás es de gran importancia para crear, mantener y estrechar relaciones desde una edad temprana. A lo largo de los años de educación, e independientemente del contexto, la persona interactúa con los demás y, por lo tanto, debe demostrar su capacidad de dirigirse a los demás con respeto.

Unas cualidades interpersonales deficientes conducen inevitablemente a un malestar mental y/o social.

8. La comunicación eficaz

Una comunicación eficaz implica que una persona sea capaz de expresar sus sentimientos y emociones de forma verbal y no verbal, respetando los valores de los demás. La expresión de los pensamientos puede ser positiva o negativa, pero debe ser constructiva.

Las emociones negativas pueden alterar las habilidades de comunicación y uno debe ser capaz de controlar la ira, el miedo o la tristeza antes de que afecten a su salud y a sus relaciones.

9. La gestión del estrés

Según la Clínica Mayo, las creencias erróneas de una persona, como “no soy lo suficientemente bueno” o “me pasa algo”, pueden ser la causa de hasta el 95% de todas las enfermedades y dolencias: “la membrana de la célula es el cerebro de la misma, no el núcleo, y nuestras creencias se almacenan en la membrana de nuestras células. A menos que seamos plenamente conscientes de lo que hacemos y de por qué lo hacemos en cada momento, siempre estamos actuando según nuestra programación inconsciente almacenada como creencias en nuestras células”.

La investigación científica ha determinado que el estrés es el factor central de las enfermedades físicas, mentales y emocionales. Por lo tanto, es esencial entender por qué y cómo los hábitos crean estrés que puede tener consecuencias en la adicción, el envejecimiento y la enfermedad. Para evitar el deterioro del bienestar físico y mental personal debido al estrés, la persona debe ser consciente de los cambios necesarios para disminuir tensiones y mantener la vitalidad.

10. Los mecanismos de adaptación

Los mecanismos de adaptación se utilizan para gestionar las emociones. Los sentimientos son el barómetro de nuestro bienestar y por esta razón, una persona libre de pensamientos negativos está disponible para comprender sus sentimientos personales y gestionarlos. Un comportamiento positivo promueve el enfoque pacífico manteniendo sentimientos positivos. El individuo consciente de una disfunción emocional puede utilizar las técnicas de modificación de la conducta para trabajar sus mecanismos de adaptación, que a su vez disminuyen los pensamientos negativos.

Por lo contrario, una persona que sufre de depresión, ira o miedo, tiende a reaccionar de forma negativa y disfuncional.

Conclusión

Las habilidades psicosociales se adquieren desde el nacimiento y la teoría de Erik Erikson permite comprender mejor la adquisición de conocimientos que se transforman en cualidades. Desde la atención del cuidador hacia el recién nacido hasta el fin de vida, una persona pasa por ocho etapas, alcanzando mesetas de desarrollo al finalizar cada etapa. Esta evolución social del ser humano ofrece una hoja de ruta de expectativas en función de la edad. Se definen los puntos fuertes y débiles que contribuyen a un desarrollo progresivo de las aptitudes psicosociales.

La Organización Mundial de la Salud ha definido diez aptitudes psicosociales consideradas indispensables para vivir en armonía en la sociedad. Se exponen estas diez cualidades definidas como herramientas indispensables para llevar una vida equilibrada. Se derivan de la educación desde una tierna edad, aunque los acontecimientos de la vida pueden provocar dificultades o carencias en algunas áreas. Una persona que es consciente de sus deficiencias personales y está dispuesta a aprender puede remediar la carencia mediante programas de formación.

Imagoblog ofrecerá próximamente seminarios en la red tratando las diez habilidades vitales.

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